viernes, 21 de julio de 2017

Divagando ante unas flores



Flores (Fotografía del autor)




Cuando empecé a escribir esta historia, creía que tendría todo el tiempo del mundo para ello.  Ahora que estoy muerto, sé que no.

Lo anoto como una frase que me puede servir más adelante, en el libro que supuestamente estoy escribiendo, pero que no acaba de avanzar lo suficiente, para ser considerado un proyecto viable.

Estábamos aburridos, nos mirábamos con la desconfianza típica de los desconocidos. Cada uno encerrado en sus pensamientos, pocas veces los compartíamos.

De tanto en tanto, llamaban a alguno para llevarlo ante el alto tribunal. Un rumor como otros muchos, lo que ocurría es que desconocíamos ese detalle, hasta que no llamaban a los novatos, que ya habían dejado de serlo.

Entonces estos se enteraban de qué iba la cosa y no siempre, a veces ni así, no había manera.

No todos teníamos las mismas distracciones, sino que éstas eran muy variadas y cada uno se dedicaba a lo que más le gustaba, o sencillamente a lo que le era más factible.

A veces preguntábamos a los abogados, por aquello que se suponía estarían más al tanto de lo que podía ocurrir, pero era en vano, no tenían ni idea y preferían perder el tiempo en pleitos entre ellos.

Los psicólogos no daban abasto en curar angustias de los encerrados en aquella situación aparentemente eterna.

Los médicos estaban todo el día atendiendo desgracias ajenas, (el  mundo está lleno de seres necesitados de cuidados) trabajando desesperadamente contrarreloj, sin tener tiempo ni para ellos mismos. Encima ellas, las doctoras, por aquello de la empatía, sufrían mucho más esas desgracias ajenas, al menos era lo que se les notaba, por poco que quisieras verlo.

Los días iban pasando, ya no recordaba los juegos con los críos, que ahora ya estaban buscando trabajo, tras acabar sus estudios. La mayoría lejos de nuestras fronteras, gracias a los esfuerzos de nuestras autoridades por qué conocieran mundo y practicaran idiomas, ya que ellos no habían podido hacer nada de eso, siempre sacrificados por el bien común y la cartera propia.

Luego nos fuimos enterando de la triste realidad. Estábamos todos, absolutamente todos, condenados. La sentencia nos la decíamos unos a otros, entre sollozos entrecortados y dudas metafísicas de todo tipo: “Pena de muerte”. Los años en que se aplicaría era una incógnita y el sistema utilizado para llevarla a cabo también.

Nada de eso  lo comentábamos con esposa e hijos, si acaso con algún amigo de máxima confianza, que estaba en la misma triste situación.

A medida de que nos hacíamos mayores, nos íbamos conformando a nuestro destino, si bien es cierto que al final  y viendo pasar el tiempo, le hacíamos poco caso. Hasta nos reíamos de los agoreros, que intentaban imponer una serie de normas absurdas y creencias que todavía lo eran más, para aplacar la ira del ser superior que ellos creían que lo regía todo, nuestro destino futuro incluido.

Lo curioso es que sólo eran ellos los llamados a conocer la sentencia impuesta. Parecían conocer la verdad por encima de todos los demás, incluidos los que no nos aveníamos a seguir sus pautas de comportamiento. 

Pero eran muchos los que atenían a pie juntillas todos sus métodos de comportamiento, amargándose la vida a niveles totalmente absurdos. Si bien hay que reconocer que algunos de ellos, (los que estaban en posesión de la verdad), se comportaban con verdadero desinterés personal, desviviéndose por la suerte de todos los demás. Incluso llegaban a decir, que una vez cumplida la pena, tendríamos todo el tiempo del mundo, para poder atender todo lo que más nos gustara en compañía de nuestros seres queridos. 

Algunos les hacían caso y se pasaban el día recitando una especie de jaculatorias interminables, con un run run bastante molesto para el resto, pendientes de poder leer y enterarse un poco de los pensamientos de su entorno.

Con tantas disquisiciones, ya no sé por dónde iba. ¡Vaya, parece que vienen a buscarme! No sé qué querrán.

Ya os contaré, que luego tengo que ir a comprar una parrilla. Dicen que la comida es más sana hecha así.


Sarrià, 20 Julio 2017.


domingo, 16 de julio de 2017

Fiesta de la Virgen del Carmen


  Foto obtenida de Internet



¡Ya salen! ¡Ya suenan!
Las barcas con sus sirenas.

Todas bien floreadas,
adornadas con guirnaldas,
con mucho cariño puesto,
en homenaje a su patrona.

Un cura venido
de tierras bien lejanas,
les echa agua bendita,
para que naveguen seguras.

Canta y reza el pueblo entero.
creyentes y descreídos,
los marineros esbozan sonrisas,
es su Señora, es su Virgen.

¡Que no se la toquen!
 Ella sola se basta,
para velar por todos.

Pienso en cómo te gustaba,
 este día, el de tu santo,
tan veraniego tan festivo.

Que nos reuníamos todos,
acogidos a una buena mesa,
con los frutos del mar,
¡Qué sean bien frescos!
Los mejor preparados,
cómo principal plato.

Recién cogidos de ese
mediterráneo tan tuyo,
tan puesto a tus pies.

¡Ya salen! ¡Ya suenan!
Las barcas con sus sirenas.

En santa procesión,
recorriendo el puerto,
ese en el que te quedaste
una fría mañana de otoño.

Allí donde creímos
tendrías mejor descanso,
un buen refugio
para tu eterno reposo.

En tus aguas preferidas.
con todos los peces
rindiéndote  honores,
ganados y merecidos.

Tu sonrisa y tu voz
bien gravados quedan
en nuestra memoria.

Impregnados por el aroma
que el yodo del mar,
deposita en nuestras
gargantas y ojos.
Salando lágrimas.

¡Ya suenan! ¡ ya salen!
Las barcas con sus sirenas.

Todas prestas, enjaezadas,
para honrar a su Patrona.
la tuya, la del mar.

En su día, por eso, el tuyo,
en el que siempre,
te desearé un,
¡Feliz santo!


Sarrià 16 Julio 2017


lunes, 10 de julio de 2017

Desencuentro





Foto de I.C.C.


Una Luna hermosa contempla el acercamiento de una sombra, a una casa donde el perfume de los jazmines, adorna una ventana, en la que sólo bailan las cortinas, aunque suene una guitarra de fondo. Demasiado calor para una noche tan hermosa.

-         ¡Has vuelto!
-         ¡Sí! Aquí estoy.
-         Ya veo.
-         Para tu dolor y mi venganza.
-         No me das miedo.
-         No lo pretendo.
-         Simplemente, es mejor que desaparezcas.
-         Después de llevarte conmigo.
-         Ni lo sueñes, no podrás conmigo.
-         Sólo quiero tu vida.
-         ¡Qué dices! ¡Estás loco!
-         Loco me dejaste, cuando me rechazaste, tirando una bonita historia personal a la basura de los sin sentidos.
-         Hablas cómo en un culebrón, una telenovela.
-         No me importa. Es donde está reflejada la verdad de los sentimientos, entre los humildes, el pueblo llano. ¡Claro! Eso la gente sofisticada como tú, no lo entiende. O mejor decir qué no quiere entenderlo.
-         Mejor no tener en cuenta esas tonterías que sueltas y qué te vayas. Cuanto antes mejor.
-         Te vendrás conmigo. De una u otra forma.
-         De ninguna manera, ¿Qué te crees? Lo nuestro acabó, porque no tenía que haber empezado.
-         Y el hecho de haber sido escogido por el patriarca. El qué más sabe de lo que conviene a cada miembro del clan. ¿Cómo puedes despreciar ese consejo?
-         No lo desprecio, simplemente no le hago caso. Soy yo quién decide sobre mi persona.
-         Vas en contra de nuestra cultura.
-         Eso no es cultura, son atavismos cargados de sin razón.
-         Lo que quieras, pero recoge tus cosas.
-         No pienso.
-         Estás forzando un triste final, que no nos merecemos.
-         Me da igual lo que tú te merezcas, me importa lo mío.


Apenas pudo ver el brillo del filo cuando ascendía hacia su garganta, y balbucear una palabra ininteligible, por salir de una garganta seccionada, la misma que disfrutó de espléndidos besos cargados de pasión.

Con la misma rapidez, que caía en el suelo inerte, el vengativo amante despechado, escapa con prisas sin mediar más palabras.

La Luna avergonzada ante la escena, se esconde tras unas casas, ajenas al conflicto.


Sarrià, 10 Julio 2017

viernes, 7 de julio de 2017

Cuatro de Julio

Foto  del autor


Cuatro de Julio


Fue un día importante.

Día escogido
para dar grandilocuencia,
a un juego de patriotas.

Para algunos solemne
para otros no tanto.

E incluso muchos
pensando en un pulso,
que no tiene contrario.

No hay redoble de tambores
ni banderas al viento.

Sólo canto enérgico
de voluntad decidida.

Nos miran
cómo nos miramos,
sin nosotros no son nada
sin ellos está por ver.

Jueces por en medio
el tiempo pasa
y la jornada se acerca.

Seguimos viniendo
 de un silencio muy lejano
del qué nadie quiere saber.

Romper la atonía
impuesta por los siglos
se antoja difícil,
pero no imposible.

Pero quienes somos nosotros,
para tomar como día
de gran presentación,
el aniversario de
los jefes.


Foto de I.C.C.




Sarrià, 6 Julio 2017


sábado, 1 de julio de 2017

ENTRE REJAS



Fotografía de Paco Gaya 


ENTRE REJAS

Aquí estoy, mirando pasar la vida, así, entre rejas, contemplando vuestros caretos asombrados, que bien podrían estar aquí dentro y el mío fuera, pero no es así.

¿Qué cómo llegué hasta aquí? Pues supongo que por ser diferente, distinto a como esperaban que fuera, según las normas sociales, las que me inculcaron desde pequeño en el colegio. Ley y orden, trabajo y disciplina…

Como ese mantra que repiten algunos: “Fuera de la Ley no hay nada”. Sobre todo los que la pueden manipular y hacer con ella todo lo necesario para obtener un beneficio, para ellos y su clan.

Es como eso de ¡Hay que trabajar en equipo! Dicho por un jefe, que se presenta mucho más tarde, sólo para recoger los frutos, que han salido bien, gracias principalmente a su ausencia.

Pero quise pensar, imaginar, soñar y todo eso que hace tomar la vida como algo propio e intransferible, que no se puede dejar en manos de todos los manipuladores, que pretenden beneficiarse con ella; amargándole su vida hasta lo indecible, a su justo propietario.

Pero así son las cosas; el punto de vista que prevalece, siempre es el del poderoso y los demás somos una molestia, que en el mejor de los casos, se quitan de encima, poniéndolos a buen recaudo.

Ya sé que todos me miráis con la superioridad que da el estar en posesión de la verdad, de saber hacer las cosas bien y en todo momento lo correcto y de no dejarse llevar por voluptuosidades narcisistas, que sólo conducen al egocentrismo de creerse superior, o peor aún, diferente.

¡Pero es qué lo soy!


Sarrià, 1 Julio 2017




lunes, 26 de junio de 2017

Noche de Verbena


Volcán verbenero (foto de J.Ch.K)


Noche de verbena,
noche de fiesta.

Noche mágica,
de llamas encendidas.

Noche apasionada
de búsquedas encontradas,
y desencuentros llorados al cielo.

Noche clara,
donde reina la luna,
en su corte de estrellas.

Ruido, pólvora, humo, destellos,
risas con  baile de miradas
y de pasos al compás.

Cava subiendo por las copas
bajando por gargantas.

 Besos que chisporrotean
cómo bengalas. 

Alegría compartida,
falsa o verdadera.

Pero en todo momento,
risas por doquier.

Parejas que desaparecen
tras las sombras,
donde no llega otro fuego,
que la pasión que  les ilumina.

Noche de verano,
cantarina y verbenera.



Sarrià, Junio 2017

miércoles, 21 de junio de 2017

Una misiva azul



Foto de I.C.




Una misiva azul

Cuatro de la madrugada, una sombra furtiva baja por las escaleras del edificio, solo un punto de luz, proveniente de una pequeña linterna de bolsillo le indica el camino, para evitar tropezar con alguna alfombrilla de esas puestas ante las puertas, o con una  bolsa de desperdicios mal puesta; hay vecinos con muy mala conciencia muy expresa al respecto.

Llegada al hall de entrada, se aproxima a los buzones de correo y abre sin producir ruido alguno, tras un ligero forcejeo, un buzón del cual asomaba un pequeño triángulo azul, indicativo de haber un sobre, carta o algo, en su interior.

Al sacar la pequeña llave una vez vuelto a cerrar la trampilla del  compartimento de madera, el tacto sometido al abrigo de unos cálidos guantes de lana le juegan una mala pasada, la llave cae al suelo, provocando un sonido que resuena de forma estridente pues a pesar de su pequeño tamaño, va acompañada de un llavero tamaño regio.

Ese pequeño ruido, altera el ligero sueño del gordo gato de la vecina del principal, que en su sordera, hace compartir los seriales televisivos al resto de vecinos a cualquier hora del día o de la noche.

Con los maullidos del vocinglero animal, tirano en ciernes con sus caprichos alimenticios en plan gourmet, que su dueña cumple escrupulosamente, con encargos en el súper, que superan a los de una familia de tamaño medio, es decir papas y dos retoños.

Al ruido de gato, contesta rápido el perro del segundo, para deleite del resto de población perruna, aburrida de su triste existencia de presos encerrados con derecho a paseo vigilado y una comida monocorde al día.

Al concierto resultante a capella, con todo tipo de voces caninas, se le suma, la incorporación de improperios por parte de los propietarios de tan dulces mascotas, compañeros inseparables de los momentos más felices en la vida de sus amos, que no entienden la alegría del vivir, a esas horas en que la noche bulle de vida. 

El griterío resultante ayuda mucho a ello. Y si no que se lo pregunten a las cucarachas en su paseo noctámbulo

La sombra, estática esperando se calme tamaña marabunta, está al pie de la escalera, en el más puro estilo gallego, hacer ver que no se sabe si sube o baja.

Nada de usar el ascensor que delataría su presencia, e iría iluminando los rellanos, en las mirillas de cuyas puertas, estarían al acecho, los atormentados seres despertados a unas horas intempestivas, en las que ya estaban descansando de sus discusiones familiares diarias.

Poco a poco, la paz vuelve a reinar, con alguna bronca apagándose, contra el último animal en dejar de hacerse oír en otra aburrida noche sin poder ladrar a la Luna, a pierna suelta.

La lucecita empieza avanzar, subiendo peldaño a peldaño, con suma delicadeza, las bambas de moda y de última generación, amortiguan sus pasos de forma felina.

Pasa por delante de las puertas, girando la cara en sentido contrario para no ser reconocido, llegando hasta su puerta, abriéndola e introduciéndose, cómo un buen agente secreto de una  película de espías, esas de la guerra fría.

Una vez introducido en su habitáculo, la sombra se convierte en un ser humano, del género masculino, peinando canas y porte poco o nada atlético.

Con el sobre en la mano, se sienta ante un escritorio, enciende una luz de lectura, también usada para escritura, y con un abre cartas, perfecto para un crimen en la campiña inglesa, lo abre con un cierto cuidado, por preocupación ante lo desconocido y la reverencia ante un ritual de liturgias muy antiguas, perdidas en el tiempo.

Cuando ha mirado el remitente, no ha podido averiguar de quién se podría tratar, unas iniciales que no se recordaban y una dirección postal ignorada en la base de datos de su desmemoriada cabeza, no le daban ninguna pista a seguir.

Así las cosas, una vez abandonado el pasamontañas, de estrecha abertura y muy apropiado para pasar desapercibido en estos momentos de calor agobiante, nuestro hombre, absorto en la misiva, lee y relee su contenido, con el entusiasmo y la fe de los agnósticos.

Una antigua novia, cuyo rostro se difumina en el blanco y negro de cuando existían las pelis de arte y ensayo, quiere recordar a todos sus amigos, parientes y conocidos, que le ha llegado la hora de finalizar su vida laboral y quiere despedirse haciéndolo saber al máximo de gente posible, siendo así, el afortunado con una invitación, que para sí quisieran, cualquiera de los amantes de los jolgorios fatuos, típicos de los veranos con cenas a la luz de las antorchas, apagadas por la brisa mediterránea de nuestra querida costa, donde se protegen de los calores veraniegos, los prohombres  de la cosa dineraria.

Cómo han localizado, al astuto vecino, enemigo acérrimo de cualquier parafernalia, escondido siempre en su guarida, esquivando incluso al presidente vitalicio, en sus inquisitivos abordajes, tanto en el ascensor cómo en el campo abierto de la escalera.

Misterio insondable, que sólo el buscador más descarado, ha sido capaz de desvelar.

Se sabe descubierto, perdido en la vorágine de tener que dar señales de vida, ha cometido el error de abrir la carta, ya no puede dejarla en devoluciones y poner desconocido. Se avecina una importante tragedia personal, tener que excusarse o peor aún, tener que ir.

Lo mejor es atajar el asunto, por las bravas, con mano firme y decidida, con la rapidez que requiere solventar un asunto personal de tamaña gravedad.

Así qué sin pensarlo dos veces, la primera reacción es la que vale, coge un sobre, en este caso sólo tiene unos de color crema, que para el caso valdrán igual, y con letra amorfa de palote, va poniendo la dirección de su querido presidente, a quién considera tan desmemoriado como cualquiera, para cómo no recordar una compañera lejana en el tiempo y en los recuerdos.

Además una invitación es una invitación, seguro que le gustará pavonearse de ella.

- ¡Hola Buenos días!
- Buenos días.
- Menudo follón esta noche ¿No?
- Sí, con el calor los animales se vuelven más ariscos. Y encima empiezan ya con los petardos.
- Sí, eso parece.
- ¡Vaya! ¿Veo que es usted el que tiene carta hoy?
- ¡Ah!  Sí, es verdad. (Con una cara que se ilumina por momentos, ante un acontecimiento en su anodina vida).
- Bueno todos tenemos cosas de tanto en tanto, la mía de ayer, era pura propaganda de un coche, publicidad personalizada le llaman ahora. ¡Ya ve!
-  Pues la miro ahora mismo. 
Rasga con apremio el sobre de marras, poniéndose las gafas, que según la moda al uso, se llevan colgadas en dos partes, divididas en medio,
Se lee el tarjetón con la invitación, se mira el remitente con cara de sorpresa mal disimulada y suelta:
- Parece de una compañera de la facultad, alguien de mi promoción, que se jubila, pero no la recuerdo la verdad, pero claro como yo era delegado es más fácil que se acuerden de mí. (Dice todo ufano, pavoneándose sin rubor alguno).
- Pues nada, que la disfrute, cuando esté allí, seguro que la recuerda, a lo mejor es un antiguo ligue y...nunca se sabe. (Mientras se le escapan unas risitas tendenciosas y jactanciosas.
- ¿Eh? ¡Sí Claro! (Soltando una risitas nerviosas y acomplejadas).
- Adiós, Buenos días.
- Adiós, adiós. (Hinchado como un pavo relleno).

Sarrià, 21 Junio 2017


sábado, 17 de junio de 2017

LA CARTA


Amanecer en Sarrià (foto del autor)



La carta


Fue bastante extraño, casi nunca miro el buzón de correos que hay en la portería, según se entra a la derecha, todos bien alineados, de madera castaño pulida, con sus plaquitas en las que constan los nombres, de los sufridos usuarios.

Porque normalmente sólo suele haber,  propaganda comercial, que a pesar del cartelito de la entrada, indicando que no es bienvenida, sigue siendo de lo poco que llega, a parte de las multas del ayuntamiento y algún desagradable aviso de la hacienda pública, siempre presta para acabar con nuestros escasos pecunios.

Pero ahí estaba, el escurridizo vecino del tercero, en funciones de presidente vitalicio, pero que sólo se ocupa de sus cosas y de aquello que puede beneficiarle, al usar el ascendente con los diferentes artesanos que se dedican al mantenimiento del edificio; para indicarme con su cara de conejo, señalando con sus incisivos, el triangulito blanco que asomaba por debajo de la trampilla del buzón que me correspondía.

-                       ¡Parece que tiene correspondencia!

Soltado así a bote pronto, con ganas de enfatizar sobre algo curioso que me había ocurrido, por ser el bicho raro del vecindario, que se limita a saludar y no meterse en la vida de los demás.

-                        ¿Ah Sí?  ¡ Qué observador es usted!

 Mirándolo como si tuviera una Thomson en las manos y estuviera haciéndole papilla, esparciendo sus sesos por la portería.

El tipejo se me quedo mirando, esperando que abriera el susodicho buzón para extraer ese sobre tan intrigante, pero se quedó con un palmo de narices, cuando me limite a decir:

-                  Qué lástima que no lleve la llave, de todas formas seguro que no es nada importante.

      Sonriendo como una comadreja, satisfecha de haber engañado, una vez más, al gordo gato castrado señor de la finca.

    Saliendo del edificio con paso decidido y con ganas de olvidarme del asunto, mientras dejaba caer con desidia,  un papel en el suelo, para fastidio del sujeto.

     Bien mirado, lo de las cartas es cosa del siglo pasado, ya saben, ese en que se escribía con una maquina, que mientras tecleabas, imprimía en un papel y sacabas la copia ya hecha, como dirían ahora, un portátil con impresora integrada.

   Ya veríamos si era capaz de acordarme del sobre de marras y al volver a casa, bajar con el llavín para abrir el inútil buzón atestado de todo tipo de papeles inútiles y una carta sospechosa.

   ¿Sospechosa por qué? Os preguntaréis, pues por ser una cosa rara, ya no utilizada, no ser un objeto común en las vivencias diarias, ni más ni menos.

     Como un político honrado, un príncipe cobarde, un pirata generoso o un zorro protector.

     Me metí en el viejo bar, justo en la esquina de casa, que seguía oliendo a café, boquerones en vinagre, bayeta con exceso de lejía y un cierto sabor rancio indescifrable. Pero siguen teniendo varios periódicos de papel para leer por parte de la clientela, a pesar de qué quién se asoma a la barra sea un chino desdentado y con cara de no leer ni los pies de fotos de los platos expuestos.

    Eso sí, decía los buenos días con entusiasmo y con la inclinación de cabeza justa para evitar le fuera rebanado el cuello, por el integrista de turno que salía de la parroquia cargado con sus paquetes de comida.

     No sé por qué digo todo esto, debe ser que estoy en un caos mental, tras tanta noticia desafortunada, protagonizada por tíos con turbante y chilaba.

     A todo esto, tras las compras necesarias para sobrevivir unos días más, me he olvidado completamente de coger la llave del buzón y bajar a por la carta de marras.

     Con lo cual no os puedo decir de que se trata esta vez, si una invitación a una boda, un cheque en blanco por mi buen comportamiento, una citación judicial por haber faltado a algún colectivo, la consabida notificación de hacienda reclamando el redondeo más intereses de la última declaración de renta…qué se yo.



Sarrià, 15 Junio 2017