jueves, 17 de agosto de 2017

Atentado en Barcelona




Una flor en Las Ramblas de Barcelona

Se veía venir, ninguna ciudad importante del arco Mediterráneo está libre de la posibilidad de un atentado de esta especie.

Ahora sólo podemos depositar una flor por los muertos y heridos, esa gente pacífica, que disfrutaba de un paseo, en sus vacaciones, por uno de los lugares más típicos de esta ciudad.

Me pregunto cuánto odio puede haber  en la cabeza de un terrorista, para justificarse a sí mismo tal barbaridad.

Sé que no hay respuesta posible, pues es imposible meterse en la cabeza de nadie, y menos si ha sido programado para efectuar un acto de este calibre.

Nos están acostumbrando a la barbarie, al ellos y nosotros, a rechazar de entrada a todo el que es diferente. Si eres de tal origen o religión, eres un enemigo.

Es brutal, no se puede vivir así.

Sólo puedo dejar una flor en recuerdo de esas personas, que vinieron a pasear una tarde por Las Ramblas y fueron vilmente atropelladas.

El pésame más sentido por las víctimas y el deseo de una rápida recuperación para los heridos.





Barcelona, 17 Agosto 2017.

martes, 15 de agosto de 2017

El viejo ciprés



El Viejo Ciprés  (Foto del autor)


Llueve, llueve mucho, con intensidad y gran dedicación, la tierra hace rato se ahogó, ya no acepta más agua y deja que corra, buscando conocer lugares nuevos.

Un triste y asqueroso ciprés, me está mirando impávido y sin ninguna vergüenza, con la superioridad moral de los conversos, esos quienes piensan mantener el espíritu elevado y sacrificado hasta el final de sus días.

Digo todo esto, porque noto como observa mis idas y venidas, mientras reflexiono sobre el extraño hecho de estar viviendo un verano de carácter invernal.

Incluso me ha parecido ver un pingüino, paseando impertérrito por la calle colindante.

Supongo que el ciprés, lo que tiene es una envidia cochina, pues al fin de al cabo, el está ahí, aguantando todo el chaparrón, y yo aquí, a cubierto, mirándolo por la ventana, bien resguardado y en el fondo choteándome.

Parece mentida con lo mayor que es, pues me lleva un montón de años de experiencia, esté soportando estas tormentas y aun no es capaz siquiera de ponerse a buen recaudo.

Un ciprés a la puerta de una casa, es señal de bienvenida y acogida, para el caminante que ha de menester cobijo, en su cansado peregrinar, aunque éste no parece tener conciencia de su papel, por la forma en que me observa, tan fijamente que parece atravesar la ventana, tras la que observo cómo le va cayendo la lluvia encima, con cierta sorna por mi parte.

Los grados van cayendo a medida que avanza la noche y nada nos hace pensar que estamos en pleno verano.

A él, seguro que le ha despistado del todo, le tiemblan todas las ramas y algunas hojas están abandonando su lugar, cayendo pausadamente al enfangado suelo.

Está claro que el ciprés está viejo, va perdiendo frondosidad constantemente, ofreciendo ramas secas saludando displicentes.

Pero eso no se lo voy a tener en cuenta, es fruto de la edad y no hay que abusar de nuestros mayores, aunque sean tan tarugos como ese viejo árbol.

Estoy pensando en encender la chimenea, e incluso lo bien que iría esa cantidad de madera vieja, que me contempla.

Me da la impresión que mis pensamientos no le hacen ninguna gracia, supongo que con la edad también ha perdido algo de humor.

Bueno, me voy a dormir, veremos qué cara pone mañana por la mañana.


Alp, 10 Agosto 2017



sábado, 5 de agosto de 2017

LA NOTA



Fotografías del autor

La Nota

Estaba ahí, tirada en el suelo, recién huida de algún bolsillo distraído, o bien dejada caer para forzar una ignorancia del contenido no compartido.

El hombre recién levantado a quién en principio pertenecía, salió presto hacia la puerta.

En cualquier caso, llegó a mis manos,  la cogí justo cuando las puertas del tren se cerraban y el propietario y yo, nos alejábamos en sendas opuestas.

Mi intención, de devolver aquella nota perdida a su propietario, se quedó en eso, en un noble gesto.

La retuve en la mano y por alguna razón, qué no sé cuál es, me la guardé en el bolsillo.

Más tarde, en la fresca tranquilidad forzada de la biblioteca, al lado de un señor que dormía entre libros de botánica. ¿Quién no se duerme leyendo libros de botánica, cuyo grosor dejan en ridículo, mis recias pantorrillas? Me he acordado de la nota y la he leído, luego vistos sus múltiples pliegues, he intentado imaginar su formato primigenio.

Y he pensado que un barquito de papel era lo más adecuado o lo que se ajustaría más a la imaginación de un maquinador de las letras, sin pudor alguno por las de los demás.

Así con esta forma, ves la nota navegando e imaginando la historia que tras ella se esconde, unos ánimos no pedidos, un rechazo amoroso, un agradecimiento por animar una fiesta, un reconocimiento por las virtudes en el arte musical.

¿A saber? Es cuestión de dejar volar la imaginación, y esperar, a ver qué sucede, que me trae esa neurona loca que revolotea por mi cabeza, harta de darse porrazos en un cráneo vacío.

Al hombre de la nota, se le promete que con un espíritu fuerte, los deseos se consiguen. Ahora se me ocurre un símil, que por no herir suspicacias, socio-político-sentimentales e identitarias, no mencionaré.

Espero que lo logre, que consiga aquello que se proponga, que disfrute de lo que la firmante de la nota le promete, que ya veo que no va  a ser con ella, que con bailar y cantar ya tiene bastante y él a lo mejor tiene un corazón roto, por dedicar una canción, a quién sólo quería una tarde de diversión playera.

Sara, sólo decirte, que tu nota cayó a mis pies. Sin ánimo de inmiscuirme y tras un intento, vano de hacerla llegar otra vez a su destinatario, se me ocurrieron estas palabrejas, por haberla leído, que os pido perdón por ello, bueno tan sólo es una nota, no una carta certificada, pero ya ves que una simple nota puede dar pie a cambiar una vida.

Vino hasta mí, convertida en una vela desplegada, sin ser ya un barquito con ganas de conquistar un mar conocido.

Pues Christian, se fue, sólo, sin tu nota, sin yo saber si se le cayó, o la perdió mientras le temblaban los dedos, mientras lloraba apenado, o sí la tiró voluntariamente, herido en sus sentimientos tras sufrir el rechazo.

Está claro que la leyó, a lo mejor muchas veces, tantas como pliegues tenía al llegar a mis manos, sin llegar a entenderla.

Buscando una salida para la pobre nota, aterrizó en el suelo de un vagón de tren.

La vida es caprichosa, es efímera, nos trae y nos lleva, pero al final se nos acaba.

Todo lo que pudo ser no está en la nota, en ella sólo cabe un presente incierto y un  futuro de buenas intenciones.





Barcelona,  2 Agosto 2017

lunes, 31 de julio de 2017

Botes de cocina



Foto del autor


Para Macondo, un genio con las palabras, sus significados, definiciones y conceptos.


Estamos frente una casa antigua de campo. De las que aquí se conoce como masía, en una entrada de la vivienda que da acceso directo, a lo que es la cocina y el hogar o chimenea.

Se oyen unas risas y una niña de unos seis o siete años sale corriendo, seguida por su hermano pequeño, como una sombra.

Paredes blancas, muy gruesas,  olor ocre profundo,  fruto de muchos años de ahumado en la estancia. 

Viejas y nobles maderas, en puertas vigas y ventanas, también en  los  estantes situados estratégicamente en las paredes para acoger los trastos necesarios en una cocina. Nos referimos a todos aquellos que no tiene la categoría necesaria, o el tamaño adecuado para ser acogido en la vieja alacena, que reina solitariamente en una de las paredes, libre de cualquier otro aditamento.

El fuego crepita en la vieja chimenea. ya hemos dicho que todo es viejo. Aquí todo es muy viejo, es una masía muy antigua. En la fachada principal, una fecha gravada en el dintel, certifica que es del siglo XVIII. 

Tiene, eso sí, las evidentes evoluciones, propias de este tipo de construcciones, que se iban  ampliando en función de las necesidades y aumento de sus habitantes.

“La llar de foc” está situada justo al lado contrario de la alacena, cobijada por una cúpula que le da un aire solemne, y un banco que rodea toda la construcción, permitiendo largas conversaciones de invierno a la vera del fuego.

Así tenemos, una vez entrados en la casa: Puerta a la espalda, chimenea a la derecha, alacena a la izquierda y enfrente una pared que acoge a la derecha el fregadero, con su escurreplatos encima y los fogones de una cocina de las llamadas económicas,  esas que funcionaban con leña, piñas y carbón vegetal principalmente.

Aunque ahora hay unos modernos quemadores de gas, conectados a una llamativa bombona de un color muy vistoso.

En el centro, una puerta nos lleva a una sala comedor, pero eso ahora no importa, y a la izquierda una pared con unos estantes de una horizontalidad discutible.

En uno de ellos una serie de botes de cristal, convenientemente etiquetados, muestran su interior lleno de todo tipo de viandas y hierbas aromáticas, bien cerrados para evitar el interés de los bichos por su contenido.

Las etiquetas, son aquellas tan típicas, que se ponían en los viejos cuadernos escolares, forrados con papel azul marino, cuando había enseñanza primaria, secundaria y bachillerato.

La niña y su sombra vuelven a entrar y se repite el juego, con la misma escenografía. Un adulto les hace leer las etiquetas, el pequeño apenas las balbucea, van recitando por orden de izquierda a derecha, recitando todas las etiquetas, con entonación teatral.

Arroz, azúcar, café, garbanzos, harina, hinojo, judías, lentejas, macarrones, pan rallado, pasta sopa, tallarines, tomillo, sal.

Al llegar al último,  inician una carrera loca, riendo como posesos, camino de la era.


Sarrià, 30 Julio 2017


martes, 25 de julio de 2017

La Almohada






Peces encerrados en un estanque (Foto del autor)




No me pongas la almohada encima.

No me gusta y me angustia, tras ver el resultado en otras situaciones similares, bueno de las películas más que nada, pero no me trae buenas sensaciones, creo que es mejor evitar según qué juegos.

Tú lo encuentras gracioso, pero despertarme a media noche, con ella ahogándome, es muy descorazonador.

A parte que los antecedentes que me recuerda, no son de lo más halagüeños.
Ya sé que ronco, a veces en demasía y a veces durante mucho rato, hasta que tú, con una cariñosa coz en mis costillas, consigues que me voltee, y deje de darte la tabarra durante un buen rato.

Así pasamos noches en alegre camaradería, mientras  mis costados van cogiendo un aire sacro, por su tono purpúreo.

Hasta ahora he conseguido despertarme, angustiado pero con fuerzas para retirar esa almohada asfixiante sobre mi cara, sin ver ninguna luz blanca al final de un túnel.

Pero de alguna manera siento que esto puede cambiar en un momento en cualquier noche, aquella en la que te salgas con la tuya, con eso de ponerme la almohada encima hasta que ni ronque, ni respire, ni nada de nada.

Tu insistencia no augura nada bueno, además ni siquiera disimulas.

Al menos al principio, intentabas seducirme, con puestas en escena espectaculares, juegos con esposas y antifaces, que solían acabar felizmente.

Pero ahora, casi no tienes la gentileza de esperar a que apague la luz, tras mi enésimo intento de avanzar, en la lectura de Ulises, un libro al que sabes que tengo un gran aprecio, por eso, supongo, me has regalado varias versiones de diversos traductores, e incluso ediciones comentadas, para adentrarse en el mágico mundo, que describe el autor, de su Dublín natal.

Encima en verano, es cuando este tema se me hace más recurrente, será porque es cuando hay más tiempo libre, para dedicarse a los temas esos de la cultura.

Que te voy a decir que tú ya no sepas, después de tanto tiempo de convivencia, si claro, antes no roncaba, ni me dormía a la primera de cambio, encima de ti soltando la babilla.

Pero de eso a tenerme sujeto de pies y manos, encadenado a una cama, con cinta americana sellando mi boca, esa que tanto te gustaba explorar, en tiempos no tan remotos, con tu lengua ahora viperina para mí.

Puedo seguir diciendo que estoy rendido a tus pies, pero ahora no es un recurso de conquista fácil, sino una cruda realidad, que provoca un sudor frío en mi espalda.

Esa que está reclinada sobre una cama, de la cual no puede salir, esta vez te has preocupado muy bien de que así sea.

Por suerte no sabes, que tú tampoco saldrás de esta. Temía acabar bajo la almohada, por eso puse unas gotas añadidas a tu vaso de leche nocturna, así poco a poco, con la tenacidad de las hormigas, he ido minando tus defensas.

Ahora estás derrumbada sobre mi inerte cuerpo, el esfuerzo por apretar con fuerza la almohada sobre mi cara, ha pasado la factura final.

Será un bonito cuadro para los agentes que vengan a saber que ha pasado con nosotros, cuando apestemos lo suficiente para molestar algún vecino, y tengan la visión de dos ex amantes tan juntos.



Sarrià, 25 Julio 2017

viernes, 21 de julio de 2017

Divagando ante unas flores



Flores (Fotografía del autor)




Cuando empecé a escribir esta historia, creía que tendría todo el tiempo del mundo para ello.  Ahora que estoy muerto, sé que no.

Lo anoto como una frase que me puede servir más adelante, en el libro que supuestamente estoy escribiendo, pero que no acaba de avanzar lo suficiente, para ser considerado un proyecto viable.

Estábamos aburridos, nos mirábamos con la desconfianza típica de los desconocidos. Cada uno encerrado en sus pensamientos, pocas veces los compartíamos.

De tanto en tanto, llamaban a alguno para llevarlo ante el alto tribunal. Un rumor como otros muchos, lo que ocurría es que desconocíamos ese detalle, hasta que no llamaban a los novatos, que ya habían dejado de serlo.

Entonces estos se enteraban de qué iba la cosa y no siempre, a veces ni así, no había manera.

No todos teníamos las mismas distracciones, sino que éstas eran muy variadas y cada uno se dedicaba a lo que más le gustaba, o sencillamente a lo que le era más factible.

A veces preguntábamos a los abogados, por aquello que se suponía estarían más al tanto de lo que podía ocurrir, pero era en vano, no tenían ni idea y preferían perder el tiempo en pleitos entre ellos.

Los psicólogos no daban abasto en curar angustias de los encerrados en aquella situación aparentemente eterna.

Los médicos estaban todo el día atendiendo desgracias ajenas, (el  mundo está lleno de seres necesitados de cuidados) trabajando desesperadamente contrarreloj, sin tener tiempo ni para ellos mismos. Encima ellas, las doctoras, por aquello de la empatía, sufrían mucho más esas desgracias ajenas, al menos era lo que se les notaba, por poco que quisieras verlo.

Los días iban pasando, ya no recordaba los juegos con los críos, que ahora ya estaban buscando trabajo, tras acabar sus estudios. La mayoría lejos de nuestras fronteras, gracias a los esfuerzos de nuestras autoridades por qué conocieran mundo y practicaran idiomas, ya que ellos no habían podido hacer nada de eso, siempre sacrificados por el bien común y la cartera propia.

Luego nos fuimos enterando de la triste realidad. Estábamos todos, absolutamente todos, condenados. La sentencia nos la decíamos unos a otros, entre sollozos entrecortados y dudas metafísicas de todo tipo: “Pena de muerte”. Los años en que se aplicaría era una incógnita y el sistema utilizado para llevarla a cabo también.

Nada de eso  lo comentábamos con esposa e hijos, si acaso con algún amigo de máxima confianza, que estaba en la misma triste situación.

A medida de que nos hacíamos mayores, nos íbamos conformando a nuestro destino, si bien es cierto que al final  y viendo pasar el tiempo, le hacíamos poco caso. Hasta nos reíamos de los agoreros, que intentaban imponer una serie de normas absurdas y creencias que todavía lo eran más, para aplacar la ira del ser superior que ellos creían que lo regía todo, nuestro destino futuro incluido.

Lo curioso es que sólo eran ellos los llamados a conocer la sentencia impuesta. Parecían conocer la verdad por encima de todos los demás, incluidos los que no nos aveníamos a seguir sus pautas de comportamiento. 

Pero eran muchos los que atenían a pie juntillas todos sus métodos de comportamiento, amargándose la vida a niveles totalmente absurdos. Si bien hay que reconocer que algunos de ellos, (los que estaban en posesión de la verdad), se comportaban con verdadero desinterés personal, desviviéndose por la suerte de todos los demás. Incluso llegaban a decir, que una vez cumplida la pena, tendríamos todo el tiempo del mundo, para poder atender todo lo que más nos gustara en compañía de nuestros seres queridos. 

Algunos les hacían caso y se pasaban el día recitando una especie de jaculatorias interminables, con un run run bastante molesto para el resto, pendientes de poder leer y enterarse un poco de los pensamientos de su entorno.

Con tantas disquisiciones, ya no sé por dónde iba. ¡Vaya, parece que vienen a buscarme! No sé qué querrán.

Ya os contaré, que luego tengo que ir a comprar una parrilla. Dicen que la comida es más sana hecha así.


Sarrià, 20 Julio 2017.


domingo, 16 de julio de 2017

Fiesta de la Virgen del Carmen


  Foto obtenida de Internet



¡Ya salen! ¡Ya suenan!
Las barcas con sus sirenas.

Todas bien floreadas,
adornadas con guirnaldas,
con mucho cariño puesto,
en homenaje a su patrona.

Un cura venido
de tierras bien lejanas,
les echa agua bendita,
para que naveguen seguras.

Canta y reza el pueblo entero.
creyentes y descreídos,
los marineros esbozan sonrisas,
es su Señora, es su Virgen.

¡Que no se la toquen!
 Ella sola se basta,
para velar por todos.

Pienso en cómo te gustaba,
 este día, el de tu santo,
tan veraniego tan festivo.

Que nos reuníamos todos,
acogidos a una buena mesa,
con los frutos del mar,
¡Qué sean bien frescos!
Los mejor preparados,
cómo principal plato.

Recién cogidos de ese
mediterráneo tan tuyo,
tan puesto a tus pies.

¡Ya salen! ¡Ya suenan!
Las barcas con sus sirenas.

En santa procesión,
recorriendo el puerto,
ese en el que te quedaste
una fría mañana de otoño.

Allí donde creímos
tendrías mejor descanso,
un buen refugio
para tu eterno reposo.

En tus aguas preferidas.
con todos los peces
rindiéndote  honores,
ganados y merecidos.

Tu sonrisa y tu voz
bien gravados quedan
en nuestra memoria.

Impregnados por el aroma
que el yodo del mar,
deposita en nuestras
gargantas y ojos.
Salando lágrimas.

¡Ya suenan! ¡ ya salen!
Las barcas con sus sirenas.

Todas prestas, enjaezadas,
para honrar a su Patrona.
la tuya, la del mar.

En su día, por eso, el tuyo,
en el que siempre,
te desearé un,
¡Feliz santo!


Sarrià 16 Julio 2017